¿Qué sonaba? V.A. Trojan Reggae Duets Box Set (Trojan, 2004)
Aullidos, cacerías y visiones de un lobo urbanita
Cuarenta años después, Woodstock continua siendo objeto de devoción, estudio y debate. Su importancia dentro de la cultura Pop de la segundad mitad del siglo pasado no se cuestiona, y han sido muchos los intentos de abordar aquellos tres días, de paz, amor y música. Diversas películas, recopilaciones y documentales han abordado el tema, incluso se intentó conjurar de nuevo el espíritu del amor libre con un Woodstock versión 90's cuyo resultado final estuvo más próximo a Altamont. Fue cosa de aquella época, de aquel verano, no intenten darle más vueltas.
"Estad siempre listos, así cuando llegue el momento no tendréis que estar preparados" Stokeley Carmichael.
Abuelito, abuelito, ¡cuántas ganas tenía de verte! Sé que tienes muchos hijos y nietos repartidos por el mundo, y que es difícil seguir todas sus aventuras, así que he pensado contarte las mías para que vayas un poco más informado en estos tiempos tan desinformados en los que vivimos.
La sala de espera resulta típica: iluminación neutra, colores pastel, una mesa baja de metacrilato sobre la que se amontonaban ejemplares atrasados de Pronto, Diez Minutos y Todo Coches, dos sillas de estructura metálica tapizadas en un tejido verde que quizás algún día fue alegre. Poco halagüeño para tratarse de una productora dedicada a producciones audiovisuales alternativas. Sólo un detalle curioso: una de las sillas está ocupada por un geranio. Un geranio natural.
¿Qué sonaba? Iannis Xenakis - Persepolis (1971) (Asphodel, 2002)

No por esperada menos triste, al menos para el que suscribe: la residencia del Colectivo de Músicos de Salamanca en el histórico edificio de
Los anteriores inquilinos por derecho se mudan, y a los músicos nos dejan en la calle. No se puede garantizar la seguridad de los locales, no existen nuevas dependencias disponibles o asignadas. Lo único que tenemos es la promesa del ayuntamiento de ceder un nuevo espacio cuya ubicación y fecha de entrega son incógnitas. Quizá dentro de un par de años. Las bandas, mientras tanto, debemos recoger los bártulos e irnos con la música a otra parte. Y esperar a que algún iluminado del ayuntamiento comience a hacer las cosas con cabeza, planificar un poquito las actuaciones y tener en cuenta todas sus posibles ramificaciones.
Atrás quedan el entrañable 21, horas de ruido, camaradería, risas, ilusión, gambazos, temazos y buenos ratos, nunca malos. Se echará de menos, pero me lo llevo conmigo. Un abrazo desde aquí a todos los que han formado parte de su historia de forma estable o esporádica, a los que respondían con una sonrisa nerviosa a aquello de "llévate los tapones" para comprobar después e in situ que, efectivamente, no era coña. En especial, un abrazo enorme a mis compañeros de octanos por todo el sentimiento. Eso era una banda, nenos.
¿Y ahora? Habrá que tomárselo como un nuevo principio, la posibilidad de encontrar nuevos horizontes, experiencias y acompañantes con los que seguir disfrutando de eso que a uno tanto le llena y que, para bien o para mal, lleva en la sangre. Así que ya saben, "batería en paro busca banda", y a seguir con la espada en alto.
¿Qué sonaba?: The Fly Rite Boys - Big Sandy Presents The Fly Rite Boys (Hightone, 1998)
En los rigores veraniegos cordobeses, se pasa sed. Sed y calor... pueden convertir cualquier acción en una experiencia de hipnótica y serpenteante pesadez. En estas reflexiones andaba sumido el lobo cuando se abrió en su memoria un pequeño cajón reservado a algunas de sus visiones. Sol, temperatura y sequedad: caldo de cultivo perfecto para cactus, personajes extremos y relatos negros.
Ignoro los motivos. Quizás ese blanco y negro, esa atmósfera malsana. La corrupción. Ese Vargas (Charlton Heston) consciente de que todo apesta en este caso, deambulando entre falsas pistas y corruptelas, luchando contra una marea de mierda que parece imposible de limpiar. O Quinlan (Orson Welles), el poli cabrón por
antonomasia y uno de los malos definitivos de celuloide, protagonista de algunas de las escenas más malsanas y abusivas del film. Tal vez Susan (Janet Leigh) esposa de Vargas y víctima propiciatoria de Quinlan, sometida a un permanente estado de estupor, como si acabara de recibir un golpe brutal en la cabeza. La anacrónica pero memorable aparición de Tanya (Marlene Dietrich), la pitonisa fumadora, junto a Susan los únicos rayos de luz en un ambiente mortecino, polvoriento, funesto. Sin duda la fotografía de Russell Metty, mago impresionista capaz de plasmar en fotogramas las barrocas composiciones de Welles, dotando a escenografía y personajes de proximidad, dándoles casi olor, sabor...
Película negra hasta el delirio, esa atmósfera entre la alucinación y la pesadilla en la que se desarrolla posee todo el atractivo del lado oscuro, la perversa cualidad que convierte al film-noir, que dirían los franco-pedants, en una de las formas mayúsculas del cine. No sé si es puro Welles, pero sí es seguro que “Sed de Mal” es puro cine. Gran Cine. Del que te pega a la butaca como una presión de 10G’s.
A modo de curiosidad, decir que esta fue la última producción estadounidense de Welles. Poco después de concluir el rodaje el amigo Orson es "desvinculado" de la película, que termina de montarse sin su participación. Así que manda a tomar vientos al stablishment hollywoodiense y se muda a Europa, no sin antes remitir a Universal un grueso memorándum de 58 páginas en el que da instrucciones muy precisas sobre cómo debía ser el montaje final (aparte de ponerles de vuelta y media, supongo). Genio y figura. De ahí que existan varias versiones del clásico. Localices la que localices, ten por seguro que estarás viendo una auténtica joya del séptimo arte. Palabra de lobo.
El lobo, ser de espíritu errante e inquieto por naturaleza, detectó en una de sus correrías aromas del bayou en las normalmente secas llanuras andaluzas. Atraído por tan raras fragancias, accedió una vez más a vestirse de hombre para, disfrazado bajo la apariencia de un inofensivo bípedo lampiño, penetrar en uno de esos remolinos de caos circulatorio, luz eléctrica y vegetación asfixiada a los que los humanos llaman ciudades. Cruzando un río color lodo, entró en la ciudad de Córdoba.
Edificada sin orden aparte, la parte antigua de Córdoba es una red de callejones, pasillos y pasajes en la que ni con todo el poder de sus lupinos instintos fue capaz de orientarse durante las primeras horas. Tras localizar la lobera, un corto paseo en busca de la cena acabó conviertiéndose en un ir y venir que le acercaba a mezquitas, facultades, escuelas de artes y oficios y danza, calles sin salida, terracitas chill-out y diversas plazas, y que no concluyó hasta las 3:30 de la madrugada, con las patas y el orgullo un tanto machacados.
Las exploraciones del día siguiente revelaron una cara más amable y luminosa de la ciudad, rica en contrastes y rincones a conservar en la memoria. También despertaron los recuerdos de la noche previa, construyendo una mapa mental que pronto le ayudaría a probar junto a varios miembros de manadas vecinas deliciosas recetas locales (Salmorejos, Fritadas de Pescado, Flamenquines y Alhambras congeladas), visitar sinagogas, alcázares, y palacios, sentir el aroma de los naranjos los y tés al limón... y sufrir el CALOR, esa densa capa aire hirviente que convierte a la ciudad en un horno de crematorio y al patio en un oasis urbano. ¿Un sitio? La plaza de La Corredera y sus benditas terrazas. ¿Un detalle? La multitud de fuentes, brocales y pilas sin las que no hubiera sobrevivido. ¿Un consejo? Vayan en primavera o llévense el parasol. Por cierto: con la noche llegó el emisario del bayou, y con él el delirio de miles de criaturas eléctricas... pero eso ya es otra historia.